Crece la tensión en Sudáfrica por marchas que exigen expulsar migrantes
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Crece la tensión en Sudáfrica por marchas que exigen expulsar migrantes

Sudáfrica vive una nueva escalada de tensión social tras las marchas masivas contra los migrantes realizadas en diversas ciudades del país, donde miles de personas exigieron la expulsión de extranjeros en situación irregular. Las manifestaciones, convocadas por grupos nacionalistas y antimigración, derivaron en episodios de violencia, saqueos, enfrentamientos con la policía y un saldo de al menos un fallecido y más de 900 personas detenidas, según el balance más reciente de las autoridades.

Las movilizaciones se llevaron a cabo después de que venciera el ultimátum lanzado por organizaciones antimigrantes, que habían dado al gobierno hasta el 30 de junio para expulsar del país a los extranjeros sin documentos. Al no cumplirse esa exigencia, miles de manifestantes salieron a las calles de Johannesburgo, Pretoria, Durban y Ciudad del Cabo, portando pancartas y consignas en las que responsabilizaban a los migrantes del desempleo, la inseguridad y la crisis en los servicios públicos.

Aunque gran parte de las movilizaciones transcurrieron de manera pacífica, en distintos puntos del país se registraron actos de violencia, saqueos a comercios administrados por extranjeros y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

La Policía sudafricana informó que desplegó un amplio operativo con apoyo del Ejército en cinco provincias para contener los disturbios. Como resultado de las acciones fueron detenidas más de 900 personas, acusadas de diversos delitos, entre ellos alteración del orden público, robo, violencia, infracciones migratorias y posesión de mercancía saqueada.

Las autoridades también confirmaron la muerte de una persona durante los disturbios registrados en Alexandra, un suburbio de Johannesburgo, además de varios heridos en incidentes relacionados con disparos y enfrentamientos. En otras zonas, decenas de establecimientos comerciales permanecieron cerrados por temor a ataques.

Miles de migrantes abandonan sus hogares

Uno de los efectos más visibles de la crisis ha sido el desplazamiento de miles de migrantes africanos, principalmente provenientes de Zimbabue, Malaui, Mozambique, República Democrática del Congo y Etiopía.

Numerosas familias decidieron abandonar temporalmente sus viviendas y negocios ante el temor de sufrir agresiones. Algunos gobiernos africanos incluso comenzaron a organizar operativos de repatriación para asistir a sus ciudadanos, mientras organizaciones humanitarias denunciaron un clima de miedo e intimidación contra comunidades extranjeras.

En barrios de Johannesburgo y Durban, comerciantes extranjeros cerraron sus establecimientos antes del inicio de las protestas, mientras propietarios de inmuebles solicitaron a algunos inquilinos migrantes abandonar temporalmente los edificios para evitar ataques.

El presidente Cyril Ramaphosa hizo un llamado a la calma y condenó los actos de violencia registrados durante las manifestaciones.

El mandatario reconoció que la migración irregular representa un desafío para el país, pero subrayó que solo el Estado tiene facultades para aplicar la legislación migratoria, por lo que rechazó cualquier intento de grupos civiles de tomar la justicia por su propia mano.

Asimismo, el gobierno reiteró que los problemas estructurales que enfrenta Sudáfrica —como el elevado desempleo, la pobreza y la desigualdad— no pueden atribuirse únicamente a la presencia de inmigrantes, una postura respaldada por especialistas y organismos internacionales.

Un fenómeno con profundas raíces sociales

Las manifestaciones reflejan un problema que ha acompañado a Sudáfrica durante décadas. A pesar del fin del apartheid en 1994, el país continúa registrando una de las tasas de desempleo más altas del mundo, además de una marcada desigualdad económica.

Expertos señalan que, en este contexto, los migrantes suelen convertirse en chivos expiatorios de problemas sociales complejos. Diversos estudios muestran que no existen evidencias concluyentes de que la inmigración sea la principal responsable del desempleo o del incremento de la criminalidad, aunque esos argumentos son utilizados con frecuencia por grupos nacionalistas para justificar sus movilizaciones.

La actual ola de protestas recuerda los episodios de violencia xenófoba registrados en 2008, 2015 y 2019, cuando decenas de personas murieron y miles de extranjeros fueron desplazados de sus comunidades.

Organismos defensores de los derechos humanos expresaron preocupación por el incremento del discurso xenófobo y advirtieron que la situación podría deteriorarse si continúan las convocatorias a nuevas protestas.

El movimiento March & March, señalado como uno de los principales organizadores de las manifestaciones, anunció que mantendrá las movilizaciones durante los próximos meses para exigir una política migratoria más estricta. Mientras tanto, las autoridades sudafricanas reforzaron la presencia policial en las principales ciudades para evitar nuevos episodios de violencia y proteger tanto a la población local como a las comunidades migrantes.

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