

Rusia bombardea Ucrania tras ofensiva récord sobre Moscú
La guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa una de sus fases más intensas desde el inicio del conflicto en 2022. Durante el fin de semana, ambos países protagonizaron una nueva escalada militar marcada por ataques masivos con drones y misiles, dejando muertos, daños en infraestructura y un aumento de la tensión internacional.
De acuerdo con autoridades ucranianas, Rusia lanzó más de 500 drones y 22 misiles contra distintas regiones del país, incluyendo Kiev, Dnipró, Odesa y Zaporiyia, en uno de los bombardeos más grandes registrados en los últimos meses. Las defensas aéreas ucranianas lograron interceptar gran parte de los proyectiles, aunque varios impactos provocaron incendios, destrucción de viviendas y daños en infraestructura energética.
La ofensiva rusa ocurrió poco después de que Ucrania ejecutara uno de sus ataques más ambiciosos contra territorio ruso en más de un año. Según reportes oficiales y medios internacionales, Kiev utilizó cerca de 600 drones para atacar distintas regiones rusas, incluyendo las inmediaciones de Moscú. El saldo preliminar fue de al menos cuatro personas muertas y daños en instalaciones industriales y energéticas.
Autoridades rusas aseguraron haber derribado cientos de drones antes de que alcanzaran objetivos estratégicos, aunque varios lograron penetrar los sistemas de defensa aérea alrededor de la capital rusa. Analistas consideran que la operación evidenció vulnerabilidades en el sistema antiaéreo de Moscú, considerado uno de los más protegidos del mundo.
El Ministerio de Defensa ruso calificó la ofensiva como un “acto terrorista”, mientras que Ucrania defendió los ataques argumentando que buscan reducir la capacidad militar y energética rusa utilizada en la guerra.
La guerra de drones cambia el conflicto
Especialistas coinciden en que la guerra entre Rusia y Ucrania ha entrado en una nueva etapa dominada por drones de largo alcance y ataques de saturación aérea. Ambos países han incrementado significativamente su producción de aeronaves no tripuladas capaces de recorrer cientos o incluso miles de kilómetros.
Ucrania, particularmente, ha apostado por el desarrollo de drones y misiles de fabricación nacional para compensar la disminución de ayuda militar extranjera. El gobierno de Volodímir Zelenski afirmó recientemente que el país podría producir millones de drones durante 2026.
Rusia, por su parte, ha intensificado el uso de drones Shahed y misiles hipersónicos en ataques nocturnos destinados a saturar las defensas aéreas ucranianas. Expertos militares consideran que estas estrategias buscan desgastar tanto la infraestructura como la capacidad de respuesta del enemigo.
Uno de los principales focos de preocupación internacional sigue siendo el impacto de los bombardeos sobre zonas civiles. En Ucrania, edificios residenciales, instalaciones eléctricas y puertos estratégicos volvieron a ser alcanzados durante la nueva ola de ataques.
En Rusia también comenzaron a registrarse afectaciones más visibles en ciudades alejadas del frente de batalla. Habitantes de Moscú difundieron videos de explosiones y drones sobrevolando zonas urbanas, escenas que hace apenas dos años parecían improbables dentro del territorio ruso.
La intensificación de los ataques ocurre mientras continúan estancados los intentos diplomáticos para alcanzar un alto al fuego. Tanto Moscú como Kiev mantienen posiciones enfrentadas sobre territorios ocupados, garantías de seguridad y condiciones para futuras negociaciones.
La nueva ola de ataques también coincidió con maniobras militares rusas relacionadas con capacidad nuclear y ejercicios estratégicos a gran escala, lo que incrementó las preocupaciones de gobiernos occidentales sobre una posible ampliación del conflicto.
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