

NASA apuesta por Marte nuclear y acelera su colonia en la Luna
La NASA presentó una de las transformaciones más ambiciosas de su estrategia espacial en décadas: una nave impulsada por energía nuclear rumbo a Marte y un nuevo plan para establecer una presencia humana permanente en la Luna, dos proyectos que redefinen el calendario de exploración estadounidense y colocan nuevamente a la potencia espacial en competencia directa con China en la nueva carrera por el dominio del espacio profundo.
La misión más innovadora es Space Reactor-1 Freedom, la primera nave interplanetaria diseñada para utilizar propulsión nuclear eléctrica, una tecnología que permitiría reducir tiempos de viaje, aumentar capacidad energética y sostener operaciones de larga duración fuera de la órbita terrestre. Según el plan oficial, el lanzamiento está programado para finales de 2028, con destino a Mars, donde desplegará una carga experimental compuesta por helicópteros robóticos similares a Ingenuity para explorar terreno, localizar hielo subterráneo y evaluar futuras zonas de aterrizaje humano.
El reactor de la nave funcionará con uranio de bajo enriquecimiento y un sistema de ciclo cerrado tipo Brayton, capaz de generar energía continua para alimentar motores de propulsión eléctrica durante trayectos prolongados. Este desarrollo no solo apunta a Marte: también será el modelo base para futuros reactores lunares capaces de suministrar energía en regiones donde la luz solar no es constante, especialmente en el polo sur lunar.
Paralelamente, la NASA anunció una reconfiguración profunda del programa Artemis, priorizando infraestructura sobre la superficie lunar y relegando temporalmente el proyecto de estación orbital Lunar Gateway. La nueva hoja de ruta contempla tres fases: primero, intensificar misiones robóticas y tripuladas; después construir módulos semihabitables con logística recurrente; y finalmente desplegar infraestructura pesada para una base lunar permanente. La inversión inicial estimada asciende a 20 mil millones de dólares en siete años.
El administrador de NASA, Jared Isaacman, explicó que el objetivo ya no es visitar la Luna esporádicamente, sino “quedarse allí”, con aterrizajes humanos cada seis meses a partir de 2029 y un incremento acelerado de misiones robóticas desde 2027. Antes de ello, la misión Artemis II intentará despegar entre el 1 y el 6 de abril, llevando astronautas alrededor de la Luna por primera vez desde 1972.
La estrategia también responde a la presión geopolítica: China mantiene su objetivo de enviar astronautas a la Luna antes de 2030 y consolidar presencia científica estable. Para Washington, demostrar capacidad tecnológica en energía nuclear espacial representa una ventaja decisiva tanto en exploración como en permanencia orbital.
Con esta nueva arquitectura, la NASA abre una etapa donde la Luna será laboratorio permanente y Marte el siguiente ensayo tecnológico mayor. El uso de energía nuclear, antes reservado a satélites o sondas profundas, entra ahora en el corazón de la exploración tripulada futura.
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