La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) anunció el lanzamiento de una nueva misión en el Ártico, denominada “Centinela del Ártico”, con el objetivo de reforzar la vigilancia, la seguridad y la defensa colectiva ante crecientes tensiones geopolíticas en la región. La decisión responde a un cambio en la dinámica de poder en el extremo norte del planeta, acelerado por la crisis diplomática alrededor de Groenlandia y el creciente interés estratégico de potencias como Rusia y China en las rutas marítimas y recursos naturales del Ártico.
La misión Centinela del Ártico integrará capacidad de vigilancia aérea, marítima y terrestre, así como despliegues temporales de unidades militares de países miembros incluyendo Noruega, Canadá, Estados Unidos y otros aliados europeos con apoyo en capacidades de inteligencia, reconocimiento y logística ártica. La iniciativa se presentó como una respuesta coordinada para garantizar la seguridad regional, en estrecha cooperación con Estados ribereños del Ártico y socios de la OTAN.
Contexto geopolítico y desafíos en el Ártico
El Ártico ha cobrado importancia estratégica en los últimos años, debido al deshielo provocado por el cambio climático, que ha abierto nuevas rutas de navegación y ha hecho accesibles recursos energéticos, pesqueros y minerales antes inaccesibles. Esto ha suscitado un interés creciente de potencias extra-regionales en una zona que históricamente estuvo dominada por estados como Canadá, Rusia, Estados Unidos, Noruega y Dinamarca (por Groenlandia).
Sin embargo, Rusia mantiene una fuerte presencia militar en su zona ártica, con bases, sistemas de defensa aérea y fuerzas navales capaces de operar en condiciones extremas; mientras que China ha declarado interés en ser un “estado cercano al Ártico”, impulsando inversiones en investigación, logística y presencia naval en aguas del norte. Esta convergencia de intereses ha generado preocupación entre miembros de la OTAN sobre el equilibrio estratégico en la región.
La misión Centinela del Ártico también se anunció en un contexto reciente de tensiones diplomáticas entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, tras intercambios de intereses geopolíticos que pusieron el foco internacional en la soberanía, alianzas y el papel estratégico de la isla groenlandesa. Aunque esas tensiones no fueron el único motivo para la misión OTAN, sí actuaron como catalizador para poner de manifiesto la importancia del Ártico en la agenda de seguridad transatlántica.
La OTAN ha subrayado que la misión es defensiva y disuasiva: no busca confrontación, sino garantizar seguridad colectiva, seguridad marítima y la libre navegación, apoyándose en ejercicios conjuntos, patrullajes y presencia coordinada con países aliados y naciones árticas.
Componentes de la operación
Centinela del Ártico contempla varias fases:
- Despliegue de capacidades aéreas y de vigilancia marítima para monitorear actividades en el extremo norte.
- Cooperación con fuerzas locales y defensa territorial de países árticos, como Noruega e Islandia.
- Ejercicios multinacionales para interoperabilidad en condiciones extremas de clima y geografía.
- Fortalecimiento de infraestructura logística para sostener operaciones prolongadas en regiones remotas.
El secretario general de la OTAN enfatizó que la misión no pretende militarizar el Ártico más allá de lo necesario para disuadir agresiones o violaciones del derecho internacional, y que permanecerá en diálogo con la comunidad internacional y los países no miembros que comparten interés en la paz regional.
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