El ejercicio aeróbico, como correr, nadar o bailar, puede considerarse un tratamiento de primera línea para la depresión leve y la ansiedad, según una investigación que también destaca que practicar actividad física en grupo potencia los beneficios.
El estudio, publicado en el British Journal of Sports Medicine, analizó datos de 63 revisiones previas sobre el impacto del ejercicio en la salud mental, con información de casi 80 mil voluntarios de distintas edades, incluidas mujeres embarazadas y madres primerizas.
Los investigadores encontraron que las actividades aeróbicas que elevan la frecuencia cardiaca mostraron el mayor impacto en la reducción de síntomas depresivos. El entrenamiento de resistencia y disciplinas como yoga y tai chi también registraron efectos positivos, aunque de menor magnitud. En el caso de la ansiedad, la tendencia fue similar, pero con efectos más moderados.
Las mejoras más significativas se observaron en adultos jóvenes y en nuevas madres, grupos considerados particularmente vulnerables a trastornos emocionales.
Neil Munro, psicólogo de la Universidad James Cook en Australia, señaló que “el ejercicio puede tener un efecto similar, y a veces más fuerte, que los tratamientos tradicionales”, y subrayó que cualquier forma de movimiento adaptada a cada persona puede ayudar a mitigar los síntomas.
Además, el análisis encontró mayores beneficios cuando la actividad física se realiza en grupo o bajo supervisión, lo que sugiere que la interacción social juega un papel relevante en los efectos antidepresivos del ejercicio.
No obstante, especialistas pidieron cautela. El doctor Brendon Stubbs, del King’s College de Londres, advirtió que los hallazgos se basan principalmente en casos leves o subclínicos. “Para personas con síntomas leves, el ejercicio puede considerarse razonablemente una opción de primera línea”, explicó. Sin embargo, enfatizó que no existe evidencia para sustituir tratamientos establecidos como la psicoterapia o la medicación en casos más severos.
El estudio refuerza la idea de que la actividad física no solo beneficia al cuerpo, sino también puede ser una herramienta complementaria clave para la salud mental.
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