El 8 de febrero de 2026 quedó marcado como un día histórico para la comunidad latina en Estados Unidos después de que el gobernador Gavin Newsom declarara oficialmente la fecha como el “Día de Bad Bunny”, coincidiendo con la presentación del artista en el show de medio tiempo del Super Bowl LX.
La proclamación fue anunciada por el gobernador de manera festiva y con toques de humor en redes oficiales, además de que destacó su admiración por el idioma español y la cultura puertorriqueña, describiendo a Bad Bunny como un símbolo de identidad, representación y orgullo para millones de latinos.
Horas después de la proclamación, Bad Bunny protagonizó un show de medio tiempo que ya es considerado uno de los más influyentes y comentados de la historia reciente del Super Bowl. Desde el inicio, al exclamar “¡Qué rico es ser latino!”, dejó claro que el espectáculo sería un tributo directo a la identidad hispana.
El show, concebido como un “videoclip en vivo”, combinó escenas grabadas y coreografías masivas en el campo del Levi’s Stadium. Inició con “Tití Me Preguntó”, mientras una escenografía tipo sembradío cubría el césped, evocando raíces, memoria y vida cotidiana en la cultura latinoamericana. Bad Bunny apareció vestido de blanco y sosteniendo un balón de futbol americano, fusionando símbolos latinos con el ambiente del evento deportivo más importante del país.
La presentación contó con invitados de alto impacto: Ricky Martin, Lady Gaga, Cardi B, Karol G, Young Miko y Jessica Alba, quienes reforzaron la magnitud multicultural del espectáculo. Lady Gaga interpretó una versión con tintes latinos de “Die With a Smile”, mientras Ricky Martin encendió el estadio con un fragmento lleno de espíritu caribeño y referencias culturales.
Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando Bad Bunny interactuó con una representación de sí mismo de niño y le entregó simbólicamente su Grammy más reciente, un gesto que celebró la perseverancia, los sueños y el orgullo cultural.
Aunque no dio un discurso político directo, sí lanzó mensajes simbólicos a través de las pantallas del estadio. En un momento clave apareció la frase “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, acompañada por banderas de distintos países latinoamericanos. El gesto fue interpretado como un respaldo visual a la comunidad migrante y a las raíces latinas que marcaron toda su presentación.
Como era de esperarse, el espectáculo también generó reacción negativa. Entre las críticas más sonadas estuvo la del presidente Donald Trump, quien calificó el show como “terrible” y una de las peores presentaciones en la historia del Super Bowl. Señaló especialmente el uso predominante del español, lo que desató aún más debate sobre representación cultural, identidad y diversidad en eventos de alcance nacional.


