México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo clave sobre la gestión del agua compartida en la cuenca del Río Bravo, con el cual se garantiza el envío de un volumen mínimo anual del recurso a Estados Unidos durante el actual ciclo de cinco años, en un esfuerzo por dar mayor certidumbre y previsibilidad al cumplimiento del Tratado de Aguas de 1944 y evitar futuros conflictos bilaterales.
El pacto deriva de meses de negociaciones entre ambos gobiernos, en un contexto marcado por la sequía histórica que afecta la región fronteriza, y por presiones de autoridades estadounidenses, incluidas amenazas de gravámenes adicionales si México no cumplía con sus compromisos de entrega dentro de los términos originales del tratado.
Compromiso técnico y cifras de referencia
Según el nuevo entendimiento, México se compromete a entregar al menos 350 000 acres-pie de agua al año, equivalentes a aproximadamente 431,7 millones de metros cúbicos anuales, durante los próximos cinco años, lo que representa una cantidad mínima garantizada de suministro para comunidades y actividades productivas del lado estadounidense. Este volumen corresponde a la media anual que estipula el Tratado de Aguas de 1944, aunque en años recientes México enfrentó dificultades para cumplirlo debido a la escasez de agua en presas clave por la sequía.
Además de fijar ese umbral anual, el acuerdo contempla un plan para saldar la “deuda de agua” acumulada en el ciclo anterior, que ascendía a cerca de 1 000 millones de metros cúbicos, según informes oficiales. Las partes acordaron realizar reuniones mensuales bilaterales de seguimiento técnico para asegurar que las entregas se realicen de manera oportuna y con base en condiciones hidrológicas compartidas.
Autoridades de ambos países destacaron que el tratado renovado prioriza el consumo humano y la producción agrícola, así como la gestión sostenible del recurso hídrico en medio de condiciones climáticas adversas. Desde México se enfatizó que el cumplimiento se ajustará a la disponibilidad real del agua, sin poner en riesgo el abasto interno para poblaciones vulnerables y actividades productivas prioritarias.
El embajador de Estados Unidos en México calificó el acuerdo como “histórico”, señalando que fortalece la implementación del tratado bilateral y establece una base sólida para la cooperación técnica en la gestión del agua compartida. También destacó que la coordinación entre agencias y gobiernos estatales ha sido esencial para diseñar soluciones que beneficien a ambos lados de la frontera.
La renovación del tratado y el compromiso por volúmenes mínimos se producen luego de tensiones diplomáticas derivadas de años de incumplimiento parcial de las entregas, que en el ciclo anterior generaron quejas de agricultores del sur de Estados Unidos y advertencias de tarifas adicionales sobre productos mexicanos. Con este nuevo entendimiento, ambos países buscan desactivar conflictos y estabilizar la gestión del agua, uno de los recursos más estratégicos en la región fronteriza norte.
Funcionarios de México subrayaron que, aunque el acuerdo exige compromisos claros, se respetan la soberanía y las prioridades nacionales, buscando equilibrar las obligaciones internacionales con las necesidades domésticas de agua potable y riego, especialmente en estados del norte que enfrentan condiciones de sequía.
El tratado renovado refleja la importancia estratégica del recurso agua en la relación bilateral México-Estados Unidos, mostrando que, pese a desacuerdos y presiones, ambos países optan por la cooperación técnica y diplomática para enfrentar desafíos comunes ligados al cambio climático, la sustentabilidad y el desarrollo regional.
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