La polémica por la venta de boletos para los conciertos de BTS en México generó que miles de fans, conocidos como ARMY, denunciaran irregularidades en el proceso cómo fallas técnicas, precios elevados, agotamiento inmediato de boletos y un incremento súbito de la reventa
Esto llevo incluso a quejas ante Profeco y menciones del caso en Palacio Nacional. Frente a la presión social y mediática, OCESA finalmente salió a aclarar su postura, negando categóricamente cualquier tipo de fraude o colusión con revendedores.
Durante una conferencia de prensa, Fernanda Martínez, directora de Comunicación de OCESA, aseguró que el sistema de venta cuenta con protocolos estrictos que hacen imposible que el personal manipule los boletos o favorezca a revendedores.
Martínez explicó que las taquillas solo pueden vender boletos previamente habilitados y que los operadores no tienen acceso a boletos adicionales por lo que no existe la posibilidad de “apartados” internos y que las taquillas dependen de cada inmueble, pero están sujetas a los candados del sistema.
OCESA también desmintió que existiera una “lista interna” de revendedores, afirmando que la empresa no tiene facultades para investigar a individuos acusados en redes sociales, ya que dichos casos corresponden a la Secretaría de Seguridad Pública.
Otra de las acusaciones más fuertes fue el supuesto uso de “precios dinámicos”, que según el ARMY causaron variaciones injustificadas. Sin embargo, OCESA aclaró que los precios no fueron definidos por la promotora ni por Ticketmaster.
Según Juan Núñez, subdirector de operaciones del Palacio de los Deportes, los precios de los boletos fueron establecidos directamente por BTS y su equipo, se publicaron 24 horas antes de la venta como parte de la estrategia global del tour y que esta práctica es estándar en las giras internacionales de grandes artistas.
Uno de los puntos que más molestia generó fue la cancelación de boletos ya pagados. OCESA explicó que estas cancelaciones no fueron arbitrarias, sino resultado de la detección de actividades sospechosas, entre ellas:
- uso de tarjetas robadas o clonadas,
- intentos de compra múltiple con la misma información,
- patrones irregulares de compra asociados a prácticas fraudulentas.
Estas medidas forman parte de los controles antifraude internos que buscan evitar que la reventa organizada se aproveche del sistema.
La gran cantidad de quejas ha motivado a Profeco a considerar nuevas regulaciones que podrían aplicarse en futuros espectáculos cómo mayor transparencia en la información de venta, regulación más estricta de preventas, monitoreo en tiempo real de plataformas digitales y sanciones más severas para prácticas irregulares.


