Un tiroteo masivo y clasificado como ataque terrorista antisemita conmocionó a Australia este 14 de diciembre de 2025, cuando dos hombres armados abrieron fuego durante un evento comunitario en la famosa playa de Bondi Beach, en Sídney, en pleno festejo por el inicio de Janucá, la festividad judía.
Las autoridades confirmaron que al menos 15 personas perdieron la vida y más de 40 resultaron heridas, entre ellos varios menores y policías que atendían el operativo. Las edades de las víctimas oscilan entre 10 y 87 años, con ciudadanos de distintas nacionalidades presentes en el lugar.
La Policía de Nueva Gales del Sur identificó a los presuntos responsables como un padre de 50 años y su hijo de 24 años, quienes actuaron con rifles mientras la multitud celebraba la tradición judía “Chanukah by the Sea”. El hombre mayor fue abatido por la policía en el lugar, mientras que el hijo fue herido y detenido bajo custodia médica en estado crítico.
Los investigadores describieron el ataque como dirigido contra la comunidad judía y lo calificaron oficialmente como un acto terrorista motivado por el odio religioso, lo que encendió alarmas sobre un repunte del antisemitismo en Australia y en otras partes del mundo.
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, calificó la masacre de “acto de pura maldad” y prometió fortalecer las medidas contra la violencia de odio.
Entre las víctimas se encuentran niños, adultos mayores y líderes comunitarios, incluidos sobrevivientes del Holocausto y un rabino que participaban en las celebraciones. Las escenas de pánico fueron captadas por testigos y difundidas en redes sociales, donde se observan a personas huyendo y auxiliando a otros mientras las sirenas de emergencia se acercaban al lugar.
Un acto de valentía destacó durante el ataque: un civil australiano desarmó a uno de los tiradores, sufriendo heridas en el proceso y siendo reconocido por su acto heroico al intentar detener la violencia.
La policía encontró en el sitio armas de fuego registradas legalmente y dispositivos explosivos improvisados, lo que ha intensificado las investigaciones sobre posibles redes más amplias de odio o apoyo entre los perpetradores.
El ataque de Bondi Beach se considera el tiroteo más letal en Australia en casi tres décadas, evocando comparaciones con el atentado de Port Arthur de 1996 y planteando un debate urgente sobre las leyes de armas, los mecanismos de prevención del extremismo y la protección de las comunidades religiosas y minoritarias.
Tras el atentado, el Gobierno australiano elevó el nivel de alerta de seguridad y desplegó fuerzas adicionales en espacios públicos, sin descartar que continúen las investigaciones y se investigue si hubo más implicados o apoyos logísticos en este horrendo acto terrorista.
La comunidad internacional, incluidos líderes religiosos y jefes de Estado, condenaron de forma unánime el ataque y expresaron solidaridad con las víctimas y sus familias.
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