Un ataque aéreo israelí en la ciudad de Gaza dejó sin vida a seis periodistas, cinco de ellos afiliados a Al Jazeera, alrededor del Hospital Al-Shifa, en lo que organismos internacionales condenan como un grave atentado a la libertad de prensa en zonas de conflicto.
El corresponsal Anas al-Sharif, de 28 años, fue uno de los periodistas asesinados. Reconocido por su cobertura valiente sobre la situación humanitaria en Gaza, al-Sharif había dejado un mensaje préviamente donde advertía que lo podían matar “en cualquier momento” y afirmó que su deber era informar pese al riesgo. El ataque también acabó con la vida de otros reporteros: Mohammed Qreiqeh, Ibrahim Zaher, Moamen Aliwa, Mohammed Noufal, y un sobrino del periodista, quienes se resguardaban en una tienda de campaña destinada a medios.
Israel justificó el bombardeo afirmando que al-Sharif era parte de una célula terrorista de Hamás que operaba bajo la fachada de periodista, sin presentar pruebas verificables. Al Jazeera y organizaciones defensoras de la libertad de prensa rechazaron con firmeza tales acusaciones, calificándolas como parte de una estrategia para silenciar voces críticas.
El impacto de este ataque ha generado una fuerte condena internacional. La ONU, Amnistía Internacional y el Comité para la Protección de Periodistas han demandado una investigación independiente, mientras que figuras como el secretario general de la ONU y líderes europeos expresaron alarma por el creciente número de periodistas muertos en conflictos contemporáneos.
Desde el inicio de la ofensiva israelí en Gaza en octubre de 2023, al menos 186 periodistas han perdido la vida, según cifras del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ). Solo en 2024, Israel fue responsable del 70% de esas muertes, cifra que subraya el carácter excepcionalmente mortífero del conflicto para quienes cubren la cobertura informativa desde la zona.
El caso Al-Sharif simboliza la situación de cientos de periodistas que continúan trabajando bajo asedio, amenazas y sin protección efectiva. “¿Cuántos más tienen que ser asesinados para que el mundo reaccione?”, cuestionó un artículo reciente, dolorosamente ilustrativo de la urgencia de proteger al personal mediático en zonas de guerra.


