China clona con éxito al primer yak del mundo

Un equipo de científicos chinos logró clonar con éxito al primer yak del mundo. El nacimiento del ternero, un macho de pelaje negro que pesó 33.5 kilogramos, tuvo lugar en una base de cría en el condado de Damxung, en la Región Autónoma del Tíbet. El animal nació por cesárea y mostró signos de excelente salud al ponerse de pie y caminar poco después del parto.

Este logro es el resultado de una colaboración de dos años entre la Universidad de Zhejiang, el gobierno local de Damxung y el Instituto de Biología de la Meseta. El equipo utilizó la técnica de clonación por transferencia nuclear de células somáticas, la misma empleada en 1996 para crear a la oveja Dolly. Además, aplicaron selección genómica para identificar y replicar rasgos genéticos deseables como mayor tamaño corporal, mayor producción de leche y resistencia a enfermedades.

El investigador Shengguo, uno de los líderes del proyecto, destacó que esta tecnología permitirá construir un sistema de cría ganadera adaptado a las condiciones extremas de altitud, frío y escasez de oxígeno que caracterizan a la región de Xizang (Tíbet).

El yak, conocido como el “barco de la meseta”, es un bóvido domesticado desde hace milenios por las comunidades que habitan las regiones montañosas del Tíbet y Qinghai. Estos animales son esenciales para la subsistencia local: proporcionan leche, carne, mantequilla, lana, cuero, estiércol (usado como combustible y fertilizante), y sirven como animales de carga. Su capacidad para sobrevivir en altitudes de hasta 5 mil 400 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas extremas y escasa vegetación, los convierte en una especie única y vital.

Además de su valor económico, el yak tiene un profundo significado cultural y espiritual en las tradiciones tibetanas. Su presencia está ligada a rituales religiosos, festividades y prácticas agrícolas ancestrales.

La clonación del yak no solo representa un avance técnico, sino también una herramienta estratégica para enfrentar los desafíos del cambio climático, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad en ecosistemas frágiles. Al mejorar genéticamente la especie, se espera aumentar la productividad sin necesidad de expandir el número de animales, lo que podría reducir la presión sobre los pastizales de alta montaña.