Durante años, el autismo se ha estudiado desde la perspectiva de un ‘déficit’ en la capacidad de comprender los pensamientos, emociones e intenciones de los demás. Investigaciones científicas, como la Teoría de la Mente (ToM), inicialmente se enfocaron en explicar el autismo a partir de dificultades para interpretar los estados mentales ajenos. Sin embargo, esta visión ha sido cuestionada por estudios más recientes, que sugieren que no se trata de una falta de comprensión, sino de una diferencia en la manera en que las personas autistas procesan la información social.
Esto nos lleva a cuestionar: ¿las personas autistas realmente tienen dificultades para comprender a los demás o simplemente lo hacen de una forma diferente? Comprender esta diferencia es clave para desafiar estereotipos y mejorar tanto los enfoques terapéuticos como la convivencia cotidiana con personas autistas.
Una diferencia en la comunicación, no un déficit
La Teoría de la Mente (ToM) es la capacidad de comprender que otras personas tienen pensamientos, emociones y creencias diferentes a las propias. Mientras que muchas personas neurotípicas interpretan señales sociales de manera automática, las personas autistas pueden necesitar más contexto o estrategias alternativas para comprenderlas.
Por ejemplo, un joven autista puede no captar una indirecta sutil en una conversación de trabajo, pero si se le comunica de manera directa, la entenderá sin problema. Esto demuestra que no es una incapacidad para interpretar señales sociales, sino una diferencia en cómo se procesan.
La hipótesis de la doble empatía plantea que la dificultad en la comunicación no es exclusiva del autismo, sino que también ocurre en sentido contrario: las personas neurotípicas pueden tener problemas para comprender el estilo de comunicación autista. Esto significa que la brecha en la interacción es mutua y no solo una limitación del autismo.
Muchas personas autistas sienten empatía de forma intensa, pero la expresan de manera diferente. En lugar de verbalizar su apoyo, pueden demostrarlo con acciones prácticas, lo que a veces es malinterpretado por quienes esperan una respuesta emocional convencional.
Para mejorar la comunicación entre personas autistas y neurotípicas, es fundamental evitar suposiciones y fomentar la claridad. Respetar las diferencias en la expresión de emociones permite construir relaciones más equitativas y comprender mejor la neurodiversidad.


